Castellano Valencià Los sueños que un día cayeron en el olvido, volverán a encontrarse.

A Ismael, porque su sonrisa mueve corazones.
Historia de un Ángel Desesperado.
Cuentan algunas leyendas, que los humanos somos una extraña raza de ángeles, ángeles sin alas y que no buscan el amor y la paz. Algunos quizá sí, pero la mayoría ni la buscan ni lo intentan. Os contaré la historia de un ángel que bajó del cielo y al nacer un niño africano, dejó que su alma volará hasta su corazón. Así comienza esta historia…
DAGOMBA, GHANA. Catorce años después.
-Adib es muy joven, no quiero que trabaje en esto, es muy inteligente y cuando pueda intentaré llevarlo a alguna escuela- decía Abdul a unos hombres.
-Cállate miserable como esta noche no estés aquí con tu hijo, te mataremos a ti y a tus seres queridos y nos llevaremos a tu hijo y pasará una vida lamentable. ¡Peor que la tuya!- dijo Abdulah. Abdulah se le conoce como el rey de los ladrones, es traficante de niños, de droga, de armas y de animales. Todos los niños del país de Ghana le pertenecen.
Después de terminar la conversación, los guardias de Abdulah dieron una paliza a Abdul por haber desobedecido a su rey. El padre de Adib trabajaba para él desde que era un niño y había pasado una vida que intentaba no recordar pero aquellos hombres se lo recordaban con cada golpe, con cada burla, con cada quemadura…
Abdul salió del recinto y comenzó a andar camino a su choza, en el trayecto pensó en lo que iba a hacer. No deseaba que su hijo cayera en esa desdichada vida de drogas, bandas armadas, guerras…
Al llegar a su casa, su mujer Amar preparaba un poco de cena, unas migas de pan y un tercio de gachas. Su hijo Adib escribía en la arena algo con un palo. Fue a verlo.
-¿Qué es eso hijo?
-Aquí pone: Aquí viviremos hasta que un ángel nos acompañe hasta el paraíso.
-Muy bien hijo- dijo mordiéndose el labio inferior. Hoy se acabará la vida de todos-. Entra en la choza que os tengo que decir algo muy importante que cambiará nuestras vidas.
Entraron todos los habitantes en la choza, había recuerdos de Hanim, su hermano mayor que murió por haber desobedecido a Abdulah.
-Abdulah me ha dicho que esta noche tengo que encontrarme con él para que Adib trabaje.
-Pues nada papá, trabajaré con él.
-No hijo, quiero que tengas una educación digna, eres muy inteligente pero si trabajas con Abdulah no te dejará libre, entrarás en un mundo horrible.
-Tu padre tiene razón- dijo su madre.
-El problema es que tenemos que irnos de Ghana, nos matará si nos quedamos aquí.
Alguien estaba intentando forzar la puerta, primero sin ganas, ya que sabía que la puerta se destrozaría en un momento, puesto que era de bambú. Era uno de los ayudantes del rey.
-Son ellos. Sal hijo, corre por la puerta trasera.
Adib salió corriendo, el viento hacía volar sus lágrimas que no podían evitar salir. Entonces, cuando ya estaba lejos de su choza, escuchó varios disparos, seguidos sin piedad. Adib cayó al suelo, quizá por parte del cansancio, pero más bien por el dolor que destrozaba su corazón. Su cuerpo seguía vivo, pero su alma había muerto con ellos. Le habían robado el mundo con un disparo.
Los secuaces de Abdulah destrozaron el pueblo de Dagomba quemando las chozas, sus amigos, sus abuelos, su historia…Dagomba había desaparecido, sólo quedaba un terreno que ya no servía para cultivar. No tenía fuerzas para vivir, no quería vivir en ese mundo cruel, no quería trabajar para Abdulah, no quería ser hijo de la guerra.
Se quedo dormido, soñando que estaba con sus padres en el paraíso. Sus padres estaban allí con él, de repente salió Abdulah con una pistola.
-Hijo, vive. Márchate y lucha por la justicia. No permitas que Abdulah siga matando, vete lejos de él-le decían. Ellos le besaron después, Abdulah les disparaba.