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El Baúl de los Sueños Perdidos

Los sueños que un día cayeron en el olvido, volverán a encontrarse.

Sintonía 49

24/06/2007

Prólogo

La imagen de la joven Verónica seguía provocando pavor entre los ciudadanos de Venecia, las madres no dejaban que sus hijos salieran a la calle, temiendo que el señor de las Ilusiones llegara otra vez. Los hombres intentaban llegar lo más pronto posible, para no encontrarse con el hombre de gabardina negra.

Pero no es esa la historia que os deseo contar, no es eso lo que importa. Es Verónica, la muchacha de la leyenda, la que importa esta vez…

Verónica salía del colegio, todas las tardes, utilizaba las horas libres para pasearse por la ciudad del agua interminable. Cruzaba por góndola la ciudad y contemplaba los lienzos de una ciudad perfecta.

Sin embargo, aquel día nunca vería el cielo lluvioso llenas de nubes que la hechizaban con historias fantásticas. Aquel día un hombre de ilusiones interminables la llevaría hasta su palacio de cristal.

-Verónica-dijo la voz hipnotizante del hombre de gabardina-. ¿Vienes conmigo?

Verónica se giró para ver aquel hombre, vestía un sombrero negro, a conjunto con la gabardina que revoloteaba a sus pies. En aquella época, los padres no permitían a sus hijos hablar con desconocidos, ocurrían muchos actos delictivos por aquellos tiempos.

-Te llevaré a mi palacio, donde podrás ver el cielo cada día. No te lo impediré.

Verónica era una joven de catorce años, muy inocente, creía incapaz que un hombre pudiera causar tanto dolor. Era una idea muy provocadora, pero aún no la había hipnotizado.

-Tus padres están allí, no te preocupes por ellos, me han enviado a buscarte-le acarició la mejilla-. ¿Vienes?

-¿Cómo es qué mis padres me dejan ir con usted, qué ni siquiera lo conozco?

-Porque soy compañero de aventuras e ilusiones. ¿Vienes?-volvió a repetir, algo impaciente.

Verónica agarró la mano del hombre de gabardina negra, sin saber, que era su verdugo hasta el fin de su vida. Ya nunca vería un nuevo amanecer, encerrada en un oscuro palacio negro, donde siempre es de noche.

En el suelo apareció, el número cuarenta y nueve.
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Misteriosa?

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Historia de un Ángel Desesperado

01/05/2007

A Ismael, porque su sonrisa mueve corazones.

Historia de un Ángel Desesperado.

Cuentan algunas leyendas, que los humanos somos una extraña raza de ángeles, ángeles sin alas y que no buscan el amor y la paz. Algunos quizá sí, pero la mayoría ni la buscan ni lo intentan. Os contaré la historia de un ángel que bajó del cielo y al nacer un niño africano, dejó que su alma volará hasta su corazón. Así comienza esta historia…

DAGOMBA, GHANA. Catorce años después.

-Adib es muy joven, no quiero que trabaje en esto, es muy inteligente y cuando pueda intentaré llevarlo a alguna escuela- decía Abdul a unos hombres.
-Cállate miserable como esta noche no estés aquí con tu hijo, te mataremos a ti y a tus seres queridos y nos llevaremos a tu hijo y pasará una vida lamentable. ¡Peor que la tuya!- dijo Abdulah. Abdulah se le conoce como el rey de los ladrones, es traficante de niños, de droga, de armas y de animales. Todos los niños del país de Ghana le pertenecen.
Después de terminar la conversación, los guardias de Abdulah dieron una paliza a Abdul por haber desobedecido a su rey. El padre de Adib trabajaba para él desde que era un niño y había pasado una vida que intentaba no recordar pero aquellos hombres se lo recordaban con cada golpe, con cada burla, con cada quemadura…
Abdul salió del recinto y comenzó a andar camino a su choza, en el trayecto pensó en lo que iba a hacer. No deseaba que su hijo cayera en esa desdichada vida de drogas, bandas armadas, guerras…
Al llegar a su casa, su mujer Amar preparaba un poco de cena, unas migas de pan y un tercio de gachas. Su hijo Adib escribía en la arena algo con un palo. Fue a verlo.
-¿Qué es eso hijo?
-Aquí pone: Aquí viviremos hasta que un ángel nos acompañe hasta el paraíso.
-Muy bien hijo- dijo mordiéndose el labio inferior. Hoy se acabará la vida de todos-. Entra en la choza que os tengo que decir algo muy importante que cambiará nuestras vidas.
Entraron todos los habitantes en la choza, había recuerdos de Hanim, su hermano mayor que murió por haber desobedecido a Abdulah.
-Abdulah me ha dicho que esta noche tengo que encontrarme con él para que Adib trabaje.
-Pues nada papá, trabajaré con él.
-No hijo, quiero que tengas una educación digna, eres muy inteligente pero si trabajas con Abdulah no te dejará libre, entrarás en un mundo horrible.
-Tu padre tiene razón- dijo su madre.
-El problema es que tenemos que irnos de Ghana, nos matará si nos quedamos aquí.
Alguien estaba intentando forzar la puerta, primero sin ganas, ya que sabía que la puerta se destrozaría en un momento, puesto que era de bambú. Era uno de los ayudantes del rey.
-Son ellos. Sal hijo, corre por la puerta trasera.
Adib salió corriendo, el viento hacía volar sus lágrimas que no podían evitar salir. Entonces, cuando ya estaba lejos de su choza, escuchó varios disparos, seguidos sin piedad. Adib cayó al suelo, quizá por parte del cansancio, pero más bien por el dolor que destrozaba su corazón. Su cuerpo seguía vivo, pero su alma había muerto con ellos. Le habían robado el mundo con un disparo.
Los secuaces de Abdulah destrozaron el pueblo de Dagomba quemando las chozas, sus amigos, sus abuelos, su historia…Dagomba había desaparecido, sólo quedaba un terreno que ya no servía para cultivar. No tenía fuerzas para vivir, no quería vivir en ese mundo cruel, no quería trabajar para Abdulah, no quería ser hijo de la guerra.
Se quedo dormido, soñando que estaba con sus padres en el paraíso. Sus padres estaban allí con él, de repente salió Abdulah con una pistola.
-Hijo, vive. Márchate y lucha por la justicia. No permitas que Abdulah siga matando, vete lejos de él-le decían. Ellos le besaron después, Abdulah les disparaba.


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